

“Prince Harry gets all the fannies.”
Jan 12th / 0 notes †Jan 5th / 1 note †El próximo lunes todos los habitantes de este ínfimo país volveremos a acostumbrarnos a colocar una determinada hora en la alarma de un teléfono, un reloj; deshaciéndonos así del hábito de despertarnos tarde todos los días de la semana y desayunar arepas con pernil a las 2 PM, con su consecuente estreñimiento y acidez momentánea.
Atrás quedarán esas largas noches que se extendían hasta la madrugada, esperando como un niño el Niño Jesús -que en este caso era el bloque Hot de Max Prime-, dando paso a una leve película de porno softcore que dejaba colarse entre las retinas para así enviar una imagen al cerebro para que se activase luego de la rasca y enviase sangre a esa zona pertinente de atención y cariño… hay que dejarse de eso.
La calentadera de hallacas, el pan de jamón podrío, las rumbas, el ratón… chao.
Ahora tu pequeño cuerpo se tendrá que despertar forzadamente y dejará ver tu esqueleto lleno de chocolate producto de las migajas de panetón que dejaste en la cama la noche anterior e irás directo al baño, para con los ojos cerrados, quitarte las lagañas que dejaron tus glándulas lagrimales depositadas mientras tenías un sueño húmedo con la imagen de Diosa Canales en pelotas.
Mientras te pones tu mejores pintas (que luego no servirán para nada), irás a pie al Metro para ahorrarte pasaje y emprenderás una pelea constante con el gordo cara de tabla que se te atraviesa para abordar el tren antes que tú, exclamándote con su aliento a muerto: ¿Qué te pasa, mamagüevo, nunca te has montado en el Metro?; dejando ver que la sociedad está terriblemente jodida, pues para ser un ciudadano común debes dejar tus modales en la gaveta de tu ropa interior y caminar por la calle como el completo idiota que te exigen que seas.
Superando el trance del traqueteo del tren, la vieja quejona y el mensajero leyendo las últimas páginas de El Propio, te quitas el sudor de la frente al caminar por la estación para salir de ella, te quitas los audífonos pues sabes que si sigues escuchando tu salsita cabilla, la pila de tu miserable Blackberry no llegará al mediodía.
Caminando a la universidad debes atravesar una compuerta que la integran dos componentes del amor mayor venezolano disfrazados de vigilantes, autorizándote la entrada al ver tu carnet impreso con tinta hecha en un laboratorio chino y con tu cara de insolación producto de una tarde soleada en Playa Culito. Lo malo es que no llenaste ni la ponchera de tu casa.
Llegarás al salón de clases, pendiente de agarrar el mejor asiento. Uno que te permita roncar en esos momentos muertos de la clase, y otro que te permita atender y recoger los salivazos del profesor sub-pagado que te escupe mientras habla, y de paso, te revisa hasta el bóxer en busca de tu teléfono para que no lo uses durante el examen. Qué bolas.
Al terminar la clase, irás corriendo al cafetín, luciendo tus estrenos del 24… una camisa Pull & Bear y un jean que estaría seguro que los niños hambrientos de China estarían orgullosos de verlo en tan semejante sujeto. De pronto, pasará a tu lado una hermosa mujer, la más bella de la universidad y la invitarás a comer algún día. El coñazo viene cuando tu bolsillo te manda un PIN, diciéndote que andas pelando bolas y que no llegarás ni a perro caliente sudoroso de Chacaíto.
Luego de eso vendrán los días siguientes, donde pasarás horas haciendo cálculos atrás del cuaderno, ajustes matemáticos y las consecuentes arrecheras cuando la borra de tu lápiz decida eliminar el trazo de la línea impresa en la hoja de trabajo de contabilidad, la llamada del amigo un domingo a las 12 AM pidiéndote que lo incluyas en el trabajo de Formación Cultural porque le pareció “demasiado ladilla” pero te convence con un “marico, tengo 2 coñitos que mantener, llevo la materia con 09, y si no me gradúo seré un pobre latonero de Puente Hierro. Ayúdame, guebón, mala mía de pana”; y por supuesto, soportar el cantinero turco-ladrón que cree que uno no tiene gastos extra como llevar a la jevita unas cuantas horas al Dallas, tratando de eliminar el estrés aplicando los movimientos que viste en el nuevo video de De La Ghetto en Puerto Rico.
Nunca pensé que diría esto, pero…
Bienvenido a la Universidad, Richard David.









